Como Teo comió de todo… Capitulo3: no solo de “teta” vive el hombre…

Existen mil y una “normas” acerca de lo que puede y no puede comer un bebé, cuándo y cómo… No creo en niños idénticos y por lo tanto me las he pasado casi todas por el forro. Cada niño es un mundo, y , en mi humilde opinión, vale más la experiencia del día a día, esforzarte en conocer al canijo que todas las normas del universo. También hay que decir que el sentido común es imprescindible. Si la primera papilla se la haces de fabada le caerá como un saco de piedras -¡¡aunque seguro que se la come sin rechistar!!-.
Por deformación profesional, estaba ansioso de poder cocinar para Teo, de verle masticar platos completos, de crear para él un sin fin de suculentas combinaciones de sabores, olores, texturas y colores… A medias con esa impaciencia, tan mía, decidí que ya era el momento, que había llegado la hora de convertir mi amor en creación culinaria para el paladar que más amo. Escogí a conciencia los ingredientes. Arroz del delta. Judías verdes, guisantes, zanahoria y menta de mi huerto. Un lomo de conejo criado en casa a base de amor, verdura y grano -no en la mía, con la que tengo liada sólo me quedaba meter conejos al zoo…-. Laurel y unas almendras regalo del vecino. Por último y no menos importante, un aceite de oliva virgen cordobés de producción artesana que emocionaría al más terrible de los súbditos de Atila.
La noche antes del gran día dejé el lomo de conejo, el laurel picado, un ajo en cuarto y un chorro de aceite “bárbaro” durmiendo juntos en un bowl, me fui zumbando a la cama nervioso como nene que espera que lleguen los reyes y dediqué mi último pensamiento consciente a imaginar el éxito de tan importante acontecimiento. Me sobraron horas de descanso. A las 7:30 salté de la cama, y con cuidado de no despertar al homenajeado y mi contraria, comencé con el ritual.
¡¡Joder que presión!!. Esta vez no había estrellas michelinadas, millonarios “devora-cocineros”, críticos gastronómicos ni jurados obtusos de por medio; pero estaba cagado por las patas como nunca lo había estado antes.
En una olla a fuego fuerte todos los amantes del bowl juntos y una zanahoria “baby” entera con sus hojas bien tiesas -para el que no lo sepa, las hojas aportan un sabor más intenso a los caldos, y bien frescas, las partes más tiernas son una delicia en ensalada, pero esto es otra música, sigamos con este “temazo”-. Cuando la carne comienza a dorarse, cuatro de tazas de agua y fuego lento, pero seguro. Mientras espero que el milagro del caldo tome forma, machaco en un mortero 2 almendras crudas, con un chorrito de “oro” y 2 hojas de menta. ¡La casa entera huele a victoria! Corto las judías con tiralíneas, finas como agujas y comienzo a desgranar los guisantes. Auténticas perlas verdes de piel sedosa casi inapreciable, un caviar vegetal soberbio. Escojo los más tiernos, poco más grandes que una lenteja…es alucinante sentir como explotan en la boca cuando los muerdes, dulces y suaves, viciosos al máximo. Inevitablemente esto plantea un mar de dudas… ¿Cómo hace el Sr Findus para que todos sus “guisantes” sean exactamente iguales y de una redondez empalagosa? o mejor dicho ¿cómo hace el Sr Findus para que le dejen vender eso bajo el nombre de guisante?…Otra vez me voy por las ramas, sigamos con el gran día.
Después de 3/4 de hora el caldo milagroso ya está listo. Ni siquiera son las 9 y la misenplace es de libro. No me queda otra que esperar.

Ya son las doce, Teo comienza a pedir lo suyo y hablo con Mamá para que corte el grifo. Él la persigue como loco con un grito enfadado -en el idioma de los niños imagino que querría decir algo así como: ” dejaros de historias… ¿dónde está mi teta?”-. ¡Comienza el servicio! Cazuela de cobre al palo -vamos, a fuego infernal- una cucharada de aceite, una tacita de arroz y un invitado sorpresa que he podido recoger del huerto a la mañana: la primera cebolla tierna cortada en brunoise milimétrica. Un minuto después, justo en el momento en que arroz y cebolla se visten de dorado, 5 partes de caldo hirviendo… ¡¡Me resulta imposible levantar la vista de la cazuela, quiero que esté listo ya!!… Sin dejar de mirar ni remover pasan los primeros 25 minutos, el caldo rubio como Teo ha reducido a la mitad y la sangre del arroz lo ha vuelto suave como el culo de un bebé… el aroma: indescriptible. Llega el ansiado final, la judía dentro, medio minuto más y apago el fuego. Mamá putea, Teo putea…y Papá suda. “¡¡Le das algo rápido o me arranca la ropa!!…el pendejo está famélico “Paul Bocusse”!!!”. Entran las almendras y la menta, los guisantes y, acto seguido, la demoledora túrmix… El rubio se convierte en verde suave y la menta refresca el aroma… El olfato, la vista y mi intuición me dicen “ya es la hora amigo”. No lo pruebo, me sobra fe y me falta tiempo. Si no me apuro lo que hace media hora eran mi bella compañera y mi adorable bebé iban a mutar en “Chuky” y la versión femenina de “Freddy Krueguer”. Lo paso a un plato de loza -odio el plástico…- la textura al caer es bestial, la temperatura perfecta. Me acerco a la trona donde desespera “Chuky”. “Que grande lo que va a suceder acá” que diría Casciari, pensé…
La primera en la frente para los malos pensamientos. No sólo no lo quiso ni probar, si no que la mutación diabólica se hizo realidad. No quería “grandes platos”, ajustarse a mi guión, no quería saber nada de mis ínfulas de gran chef y padre autodidacta. Quería su teta y punto.
Ese día me tuve que comer tres cosas:
- La crema que con tanto cariño había creado para el zagal, que por cierto es de las cosas más delicadas que esta boca ha tenido el gusto -en este caso agridulce- de probar.
- La consiguiente bronca de Mamá por jugar a “chefs” cuando no tocaba -esta duró más de un día-.
- Y lo que es más importante, creer que sería yo el que tomara la decisión de cuando Teo empezaría a comer de todo.
Moraleja, quise poner día y hora a una comida sin tener en cuenta la disponibilidad del invitado estrella, y como no podía ser de otra manera, me salió el tiro por la culata. La impaciencia me pudo.
Ese día llegó - más pronto que tarde- justo en el momento que a Teo le pareció y no cuando a mi me dio la gana.
Aquí tenéis ciertas pautas que me fueron muy útiles para descifrar el momento de Teo. Próxima aventura… “Por fin llegó el día, Teo come”.
En capitulos anteriores…
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