La Republica Gastronomica de GIPSY CHEF Avatar

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“El cocinero, el amigo, su burrata y su trufa…”

Nunca he comprado una trufa. Corrijo, nunca he comprado una trufa con mi dinero, y cuando lo he hecho con el dinero de otro ha sido previa advertencia de parecerme tremendamente obsceno pagar semejante cantidad de dinero por una pelota de golf, por mas que la pelotita en cuestión fuera la quintaesncia del aroma y la delicadeza juntas. Pero la vida es caprichosa y el azar me alejó de jefes gastro-snobs con suculentas carteras, dudosa conciencia y paladar monetizado para acercarme a gente sencilla a la que -sin poner una peseta- la naturaleza les devolvió su buen rollo en forma de tesoro a la puerta de casa.

Estoy casi seguro que algún alto cargo del mundo “trufil” dirá cuando vea esto : “pero si eso es una “tuber aestivum”…la cenicienta de las trufas, si fuera una “magnatum” o una “melanosporum”…”  Pues no caballeros, la calabaza ha cambiado por un queso pero el final del cuento sigue siendo el mismo. La burrata se convirtió en carroza y esta hemosa y humilde “aestivivum” en la reina de mi bosque. Por suerte, en este mi pequeño mundo, el cariño y los regalos no cotizan en bolsa.  Y no hay oro en el “otro mundo” que sea capaz de comprarlos. Larga vida a mis amigos y sus regalos!!.

Dedicado al gran Marcos y sus “trufas amaestradas”. Y a mi santa madre, como no.

P.D. El que esté sufriendo por no tener un amigo que le regale trufa y una madre que haga lo propio con la boroña, que no desespere. Unas avellanas tostadas y bien picadas, y un buen pan de centeno cubrirán su hueco muy dignamente.

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