Como Teo comió de todo… Capitulo2: descubriendo con los 5 sentidos

Poco a poco, lo que había sido una casualidad, se fue convirtiendo en una rutina: yo cocino y Teo me acompaña.
A riesgo de caer en el topicazo que “para los padres sus hijos hacen cosas alucinantes que jamás otros niños han hecho en la historia de la humanidad”, os contaré algo que aun a día de hoy, me sigue poniendo la piel de gallina.
Siendo un renacuajo como era, y bajo sospecha -por parte de pediatras y doctos en la materia- de tener sus sentidos aun en puertas de llegar a ser algo realmente desarrollado, cada vez que el tío oía el ruido de cacerolas, me veía meter mano a mis cuchillos o sentía el olor del aceite de oliva dorando un ajo, cambiaba su habitual pasotismo o llanto por una excitación que se transformaba en una especie de risa compulsiva - y digo “especie” porque era un “pseudo gritito sonriente” más que una carcajada en toda regla-impropia de un niño de 3 ó 4 meses. 
El olor del pan en el horno, del queso fundido, del cocido, los guisos o la pasta hirviendo lo calmaban como música que amansa a las fieras. En cambio el de las naranjas mientras se exprimen, el curry, pescado y carne a la plancha o el bizcocho de yogurt -receta de su abuela- le daban ganas de juerga. Solo lo he visto incómodo con el olor de la pimienta blanca que siempre le echo a la crema de puerros y la verdura “recocida” que algún@ intrus@ cocinó varias veces con muy buenas intenciones pero con muy poco acierto (voy a reservarme el derecho de dar nombre “to preserve the family harmony”).
Conclusión, por más que pretendan convencerme que tan chiquitines no ven, oyen a medias y huelen lo justo mi experiencia dice que si los estimulas espabilan que da gusto, y no solo eso, empiezan a expresar gustos y disgustos de una manera alucinante.
Y a estimular se ha dicho!!. A penas cumplió los 4 meses comencé a darle a oler alimentos que para mí son imprescindibles en la cocina. Empecé con el aceite de oliva. Es de mis favoritos. Al acercárselo a la nariz se quedaba muy quieto y cerraba los ojitos como intentando viajar a algún recuerdo, era realmente alucinante. Repetí la experiencia durante 5 o seis días y cumplida la semana se lo hice tocar. Continué haciéndolo 7 días más y al octavo cuando le acerqué el vasito con aceite estiró la mano pidiendo su dosis diaria de tan suave, agradable y fragante invento.
Al aceite le siguieron, ajo, comino, limón, patata, pimentón de la Vera, curry, aceite de sésamo, almejas… y así hasta tropecientos aromas y tactos diferentes. Cada 3 días sumaba uno nuevo. Algunos- los más comunes- se repetían casi a diario, otros aparecían solo de vez en cuando, y era curioso ver la cara que ponía cuando uno de los menos habituales volvía a aparecer. Sabía que no era nuevo! y si le gustaba estiraba la mano de muñeco para “tocar el aroma”.
No dejes de jugar con tu hij@ a descubrir aromas por pequeñito que sea. El 80% de lo que conocemos como “sabor” es aroma. Hoy sigo jugando con Teo a los olores, aunque he de reconocer que cada día me lo pone más difícil. Son ya muchos los aromas descubiertos pero la ilusión sigue intacta y seguiremos jugando hasta que se nos caigan las narices!!
La próxima semana, “El primer Menú de Teo”.

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