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Cocinando para Hernan Casciari: “Orsai, la receta de la felicidad”

Recuerdo bien la primera vez que oí hablar de Orsai. Comenzábamos el rodaje de una serie de clips en restaurantes “singulares” que la productora había decidido grabar para terminar convencer a Antena 3 que yo era el candidato perfecto para ser el chef del programa de verano “Comer, beber, amar”. El objetivo del día era descubrir el menú de una taberna de barrio barcelonesa, de la mano de dos bloguers gastronómicos bien catalanes -“Els del Morro Fi”- y un peluquero rokero hiperactivo -el “Perroker”-… El local elegido por los tres personajes: el “Pepeta´s Bar”; una suerte de bodega-taberna-saloon decorada al más puro estilo western almeriense y regentada por el sheriff “Búfalo George” (no es coña, se hace llamar así…) un enamorado del far west, Dolly Parton y los artículos de broma.

Primera prueba de fuego para la convencer a la cadena de mi valía y estaba en el centro de la pista, a punto de entrar en la jaula de los leones disfrazado de torero. Por si no ha quedado suficientemente claro, estaba TOTALMENTE CAGADO DE MIEDO. Era la gran oportunidad de demostrar algo a una cadena grande, y se me había llenado el circo de enanos de un metro ochenta y vaqueros cuenta chistes… no estaba preparado para domar tanta fiera!!. 

Andrés, el realizador, cámara en mano, y por delante la florida comitiva, ajenos a mi drama interior, se dispusieron a entrar en la bodega llevándome entre ellos en modo sándwich sin posibilidad de huida. Apenas puse un pie en el local pedí tiempo muerto, una cerveza, y salí corriendo como un pollo para intentar controlar el pánico a base de nicotina. Andrés se acercó, me dio fuego y empezó a charlarme. En aquel momento me importaba un huevo y la yema del otro lo que me pudiera estar contando, sólo quería marear la perdiz un rato para ver si era capaz de olvidar el marrón en el que estaba metido. Y así, a lo tonto, comenzó hablar de una gente que tenía una editorial alternativa, una revista propia en Internet y una pizzería en un pueblito a las afueras de Barcelona. Dos amigos que, hartos de la industria editorial se habían montado el chiringuito por su cuenta. La revista, la soñaron un día en el patio de su casa en Sant Celoni, y a las pocas semanas ya habían agotado el primer número en preventa, todo esto sin ni siquiera saber que ocuparía sus páginas. Después vino la editorial, basada en hacer lo opuesto de lo que hacen las convencionales. Pero no fue esto lo que me cautivó de la historia… Lo que realmente me dejó prendado para siempre de esta familia de locos, es que, en un momento de sobremesa nocturna, los muy pirados decidieron que echaban muchísimo de menos a su amigo el pizzero, que los alimentaba -cuando eran más jóvenes- en esas veladas de charla y delirio infinitas, y decidieron traérselo para montar una pizzería al lado de su casa y poder así tenerlo cerca. El maestro, grande entre los grandes, dijo que él no viajaría a ninguna parte si no lo hacía con su horno. ¿Habéis escuchado alguna vez una prueba de amor gastronómico mayor?… y así fue, nobleza obliga….se vino con su horno y montaron la pizzería. Alguno estará pensando que la historia, aunque si es un poco loca, tampoco es para tanto, bueno, ¿y si os digo que el lugar de donde vinieron el horno y su dueño es Argentina?… QUE GRANDES!!… a estas alturas de la conversación ya me había olvidado por completo de Dolly Parton, el sheriff y todos los indios juntos. Lo único que quería en ese momento era conseguir que Andrés me llevara a conocer a estos chiflados en persona. Y así fue, el tiempo hizo lo suyo, y puso cada pieza del puzle en su lugar. La grabación de aquel día fue a parar a alguna basura -probablemente sin, ni siquiera, tocar la sala de edición-, Antena3 dio el “sí quiero” y yo empecé con este blog, que fue la excusa perfecta para encontrarme con ellos, como no, con una buena comida de por medio.

Os preguntareis por qué el título del post “Orsai, la receta de la felicidad”, muy sencillo, la felicidad pasa por ser libre y hacer lo que hizo esta gente: depender de ellos mismos y del amor por lo que hacen para no estar en “orsai”. Y nadie mejor que el propio Hernán Casciari para contarlo. No os lo perdáis, merece la pena:“Matar al intermediario” Charla TEDx

 Video compartido via orsai.bitacoras.com

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De postre Mr. Franco, ¿souffle de chocolate?…

Después de darle un plan “B” a las sopas del “generalisímo”, fabulando una mesa mas agradable para este pobre diablo, es de ley hacer un útimo esfuerzo, y preparar algo dulce, algo capaz de “des-avinagrar” a tan amargo personaje… 

Por primera vez en mi vida puedo decir, orgulloso, que me alegro tremendamente de haber cocinado para alguien que nunca podrá probarlo… 

Gracias Mr. Franco por haber tenido a bien dejarnos en paz, pena que no lo hubiera hecho antes.

Queda clausurado este pantano!!!

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Como Teo comió de todo… Capitulo2: descubriendo con los 5 sentidos

    

Poco a poco, lo que habí­a sido una casualidad, se fue convirtiendo en una rutina: yo cocino y Teo me acompaña.

A riesgo de caer en el topicazo que “para los padres sus hijos hacen cosas alucinantes que jamás otros niños han hecho en la historia de la humanidad”, os contaré algo que aun a día de hoy, me sigue poniendo la piel de gallina.

Siendo un renacuajo como era, y bajo sospecha -por parte de pediatras y doctos en la materia- de tener sus sentidos aun en puertas de llegar a ser algo realmente desarrollado, cada vez que el tío oía el ruido de cacerolas, me veía meter mano a mis cuchillos o sentía el olor del aceite de oliva dorando un ajo, cambiaba su habitual pasotismo o llanto por una excitación que se transformaba en una especie de risa compulsiva - y digo “especie” porque era un “pseudo gritito sonriente” más que una carcajada en toda regla-impropia de un niño de 3 ó 4 meses.                        

El olor del pan en el horno, del queso fundido, del cocido, los guisos o la pasta hirviendo lo calmaban como música que amansa a las fieras. En cambio el de las naranjas mientras se exprimen, el curry, pescado y carne a la plancha o el bizcocho de yogurt -receta de su abuela- le daban ganas de juerga. Solo lo he visto incómodo con el olor de la pimienta blanca que siempre le echo a la crema de puerros y la verdura “recocida” que algún@ intrus@ cocinó varias veces con muy buenas intenciones pero con muy poco acierto (voy a reservarme el derecho de dar nombre “to preserve the family harmony”).

Conclusión, por más que pretendan convencerme que tan chiquitines no ven, oyen a medias y huelen lo justo mi experiencia dice que si los estimulas espabilan que da gusto, y no solo eso, empiezan a expresar gustos y disgustos de una manera alucinante.

Y a estimular se ha dicho!!. A penas cumplió los 4 meses comencé a darle a oler alimentos que para mí son imprescindibles en la cocina. Empecé con el aceite de oliva. Es de mis favoritos. Al acercárselo a la nariz se quedaba muy quieto y cerraba los ojitos como intentando viajar a algún recuerdo, era realmente alucinante. Repetí la experiencia durante 5 o seis días y cumplida la semana se lo hice tocar. Continué haciéndolo 7 días más y al octavo cuando le acerqué el vasito con aceite estiró la mano pidiendo su dosis diaria de tan suave, agradable y fragante invento.

Al aceite le siguieron, ajo, comino, limón, patata, pimentón de la Vera, curry, aceite de sésamo, almejas… y así hasta tropecientos aromas y tactos diferentes. Cada 3 días sumaba uno nuevo. Algunos- los más comunes- se repetían casi a diario, otros aparecían solo de vez en cuando, y era curioso ver la cara que ponía cuando uno de los menos habituales volvía a aparecer. Sabía que no era nuevo! y si le gustaba estiraba la mano de muñeco para “tocar el aroma”.

 No dejes de jugar con tu hij@ a descubrir aromas por pequeñito que sea. El 80% de lo que conocemos como “sabor” es aroma. Hoy sigo jugando con Teo a los olores, aunque he de reconocer que cada día me lo pone más difícil. Son ya muchos los aromas descubiertos pero la ilusión sigue intacta y seguiremos jugando hasta que se nos caigan las narices!!

La próxima semana, “El primer Menú de Teo”.

                       

 

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