Antojos familiares…

“Como me gustaría comer una tarta de espinacas de mi mamá”…un día si y otro…también, me despierto con este tipo de “indirectas”, de las que -mitad por amor mitad por deformación profesional- me resulta tremendamente complicado escabullirme. También es cierto que disfruto de estos “antojos” como el que más, sobre todo en dos momentos: el de la preparación -en el que me devano los sesos para conseguir darle una vuelta de tuerca al “antojo” sin irme al carajo- y el del momento en que esos antojos pasan el test de calidad familiar -aunque, dicho sea de paso, no es precisamente un paseo veneciano; vivo con dos críticos gastronómicos de la leche-.
Todas las recetas tienen algo, un toque especial, un ingrediente, una manera de mover, un orden que las distingue del resto de primas -mas o menos cercanas- poniéndoles el apellido: “de + el nombre del artista”. Si te olvidas de ese “no se que, que que se yo” a la hora de complacer un “antojo”, estas perdido. Es como ir a buscar a tu sobrino al colegio y volver con otro crio que se le parece bastante…un desastre total. Por muy guapo y majete que sea el niño en cuestión tu herma@ te cuelga de un pino.

El de la tarta de espinacas de mamá Aurorita es un clásico. Una fina capa de azúcar dorada y crujiente sobre la tapa es el toque que le da el apellido. Teniendo en cuenta esto, y con un poco de sentido común, el éxito está casi garantizado. Como bien sabéis los que me conocéis, mi abuela siempre vuela sobre mi cocina para dar su toque. No tengo recuerdo de haberla visto nunca cocinar espinacas, pero hacia una masa de empanada para echarse a llorar. Sencillez, economía doméstica y sabor todo en uno. No lleva mas de 10 minutos tenerla lista y el resultado es impecable.
Ella mezclaba en un bowl:
2 tazas de harina trigo -para esta receta cambio una por harina integral de espelta-, un huevo, un vaso mitad vino blanco mitad aceite de girasol -puede ser oliva, sésamo sin tostar, manteca de cerdo…o mezcla, a gusto del consumidor-, media nuez de levadura fresca, una cucharadita de sal y otra de azúcar. Todo junto y sin miramientos, a excepción del azúcar y la levadura que las mezclaba en una tacita de leche tibia antes de juntarlas con el resto de ingredientes. Cucharón en mano y a remover hasta que te pida meterle mano. La masa tiene que quedar manejable, suave y nunca pegajosa. Si no se despega mas harina, y si queda seca un poco de leche. Se amasa 5 minutos y a reposar tapada en un lugar calentito hasta que coja vida y empiece a crecer - 40 minutos a ojo de pollo tuerto-.
La abuela Carmen no tenía ni puñetera idea de lo que era una vitro, pero dominaba a la perfección las bondades del hogar de carbón. Estoy convencido que gran parte de la grandeza de esta masa era el reposo al lado de aquella maquina de cocinar felicidad. Como no soy mi abuela ni tengo cocina de carbón, lo que hago es dejarla en la ventana tapada y al sol si es verano, o al lado de la chimenea si es invierno.

El relleno es de cosecha propia y varía cada vez que a la “jefa” se le antoja recordar el plato de mamá - que aburrido sería hacerlo siempre igual, ¿no?-. Hoy he mezclado un manojo de espinacas -picadas y salteadas un minuto con un diente de ajo-, 2 huevos, 4 ó 5 cucharadas de ricota,un puñado de uvas pasas y un trozo de queso chedar rallado que ya estaba pidiendo pista hace rato. Hasta aquí sigue siendo “la tarta de espinacas de mamá Aurorita”, pero lo que no os había dicho es que los apellidos y sus toques se pueden -y deben- ir sumando, así que para agregarle el “de Gipsy Chef” tendréis que ponerle al relleno un buen toque de canela. El resto no tiene demasiado misterio. Estirar la masa para forrar el molde, ponerle el relleno, tapar y pintar con huevo batido. 180º en la parte media baja del horno durante unos 35 minutos y a pasar el test de calidad familiar!!….uy!!me olvidaba de Aurorita!!… antes de entrar al horno le espolvoreas el azúcar y queda bautizada. Et voilà !!! La “tarta de espinacas de mamá Aurorita” de Gipsy Chef.
PD1. Esta vez hubo quorum entre los críticos…exito total!!! yeahhhh!!!!.Estoy seguro que a la abuela Carmen le habría encantado.
PD2. Si te sobra masa, la vuelves a trabajar un par de minutos, haces una bola y la dejas tapada reposando hasta la noche. Sacala tal cual y horneala a 180º unos 30 min…ya tienes pan para la cena.
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